Marketplace de Carga: Un Cementerio de Intentos Fallidos
Bienvenidos a este Shot Amargo. Donde esta semana es la primera edición de Alonso Gálvez, quien se ha sumado a este movimiento que va evolucionando que es Un Espresso Cargado. Ya no sólo soy yo (un loco desde junio del año pasado), creyendo en que esto puede cambiar en la industria. Ya no sólo del Freight Forwarder, sino buscando impactar en otros actores de la cadena de suministro.
En la teoría, digitalizar la asignación de cargas suena como la solución definitiva: conectar oferta y demanda, reducir costos y maximizar eficiencia. Pero en la práctica, la historia es otra. Lo han intentado en México y en el mundo, desde startups emergentes hasta gigantes con capital millonario.
La gran promesa del Uber del transporte de carga ha chocado contra una realidad más compleja de lo que parece. Alonso lo vivió de primera mano con Malco (RIP), por mi lado, también me incluyo con GoFlit (2017 - 2021) y Buocargo (2022 - 2024). El intento en la oleada de los marketplaces de carga.
La idea tenía sentido: replicar modelos exitosos como Convoy en Estados Unidos, OnTruck en España. Pero pronto se encontró con un problema que nadie te dice al principio: la logística no es solo conectar partes, es caos, negociaciones informales, tiempos muertos, validaciones, pagos inciertos… y en mercados como México, acuerdos cerrados con un simple apretón de manos. Sin contratos ni respaldo.
El dilema es claro: si el marketplace se mantiene sólo como intermediario, los clientes y transportistas pueden saltárselo con un clic. Pero si comienza a operar los fletes, deja de ser una plataforma y se convierte en un intermediario tradicional, atrapado en márgenes cada vez más apretados.
Entonces, ¿es realmente viable perseguir este modelo de apostar en la tecnología como “exponencial” en la logística?
Recuerda… sin incomodidad, no hay evolución.